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«Prosa indignada, subterránea, que no se conforma con el primer vistazo, con la piel de las cosas, que se atreve a levantarla, a mirar debajo de ella, aunque sepa el autor que eso de levantar la piel casi siempre produce heridas». Fernando León d... Seguir leyendo
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«Prosa indignada, subterránea, que no se conforma con el primer vistazo, con la piel de las cosas, que se atreve a levantarla, a mirar debajo de ella, aunque sepa el autor que eso de levantar la piel casi siempre produce heridas». Fernando León de Aranoa
?Siento en mí la inocencia y el silencio de los otros, decía Clarice Lispector. Por esa calma aparente transitan los diecisiete relatos (no es casual que tal número sea primo) que aquí se reúnen, una suerte de antología necesaria de algunos que quedaron olvidados y diseminados, velados, imposibles de encontrar, de compartir. De personajes condenados a un cierto exilio interior, a soledades nunca deseadas, involuntarias y sobrevenidas sin motivo alguno. Pero también a veces hermosas desde la nostalgia o la melancolía. Vulnerables siempre. Alguien tiene que darles voz: la resignación no es alternativa. Nosotros somos sus personajes.
Literatura en todo caso comprometida y necesaria en todos los sentidos: comprometida con el ser humano, con su condición de indigente y desposeído, y con la sociedad, con la denuncia crítica de sus vicios más comunes y sus corrupciones y violencias más notorias; pero también con la escritura, con su renovación formal. Una selección de los relatos más destacados de la obra del autor sorprendentemente poética y cuidada.